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Un espacio para los cristianos católicos de Olinda y Recife

Santo Padre, Olinda y Recife están como ovejas sin pastor.Solidariedad


EDITORIAL

"El muerto salió; llevaba los brazos y piernas atados con vendas y la cara envuelta en un sudario. Jesús le mandó: - Desatadlo y dejadlo que ande. (Jo. 11, 44).

Cada uno está llamado a vivir su propia Pascua. La Pascua del Señor es toda aquella que responde con eficacia a la situación de desepero y muerte, por la que cada hombre, cada mujer, familia o comunidad pasan.

Así como llamó a su amigo Lázaro de la más profunda escuridad, también nos llama de esa misma profundidad. Del cerne del sufrimiento humano suelta las amarras y nos libera. Como estamos necesitando de su Pascua Cuantos brasileños están en los túmulos de una vida sin esperanza .Cuantas familias desempleadas y sin tierra par vivir .Cuantos están con la manos y los pies atados en las celdas de la injusticia social. Y que podemos decir del sudario del analfabetismo y de la ignorancia que nos impiden la visión de los derechos básicos

Señor, te pedimos, libera también esta Iglesia de Olinda y Recife para que pueda andar libre, dejando atrás las ataduras de la opresión. Y, así libre, dar testimonio de tu Reino. Amén


FORMACIÓN DEL CRISTIANISMO (8)
JESÚS Y LOS CELOTAS

Una cuestión que perjudica mucho la discusión del carácter tercermundista de la figura de Jesús es la pretensa relación entre el movimiento de Jesús y el de los llamados celotas. Durante los años 60 a 80 se estableció, en los estudios sobre el origen del cristianismo, una fuerte polarización alrededor de la cuestión de la violencia y no violencia.

Como en aquella época los movimientos marxistas estaban efectivamente con el poder en varios Estados (Rusia, China, Cuba) que lo habían conquistado a través de la lucha armada, hubo una asimilación entre movimientos populares y violencia. Por eso, el ansia de presentar un Jesús no violento en oposición a los movimientos campesinos violentos y, específicamente, se intentaba provocar un contraste entre Jesús y los así llamados celotas que habrían sido los violentos típicos de aquella época.

Pero, el tema celotas está muy mal colocado de esta manera. Como ya resaltamos en nuestro estudio "El movimiento de Jesús" (1994) por un motivo muy sencillo: "los celotas, tal como surgen comúnmente en los estudios recientes son una elaboración académica también reciente. Sencillamente no hay pruebas de cualquier movimiento organizado que hubiera defendido la revuelta armada contra Roma entre 6 y 66 d.C." (Horsley, 1995, 9 y 10).

Hablando claramente: Jesús nunca trató con celotas por el sencillo hecho de que el tal movimiento no existió durante la época de su vida o por lo menos no aparece al nivel de los textos. Todo indica que solamente emergió durante el invierno de 67-68 d.C. o sea durante el comienzo de la guerra judaica contra Roma que terminó, tan dramáticamente, con la destrucción del Templo de Jerusalén por los ejércitos del Emperador Tito (ibídem, 18) y con eso podemos considerar la discusión por encerrada y pasar adelante, con permiso del benevolente lector.

Eduardo Hoornaert


LA FORMACIÓN DEL CRISTIANISMO 9

El objetivo de Jesús estaba muy distante de las pretensiones de los celotas o de la filosofa de los cínicos. Él quiso encontrar soluciones concretas para el pueblo campesino de la Galilea.

La primera cuestión, la más urgente, fue saciar la hambre del pueblo campesino de la Galilea. (Rocha, Zildo e Soares, Sebastião. "O Escandalo da Fome e a Praxis da Vida Cristã, em: Estudos Bíblicos 46, Vozes, Petrópolis, 1995, 19-24). Pero no se trata de la hambre casual de quien está fuera de casa y no tiene donde comer, sino de la hambre endémica de los que pasan hambre toda la vida. La tarea es urgente.

La hambre no espera. La religión de los hambrientos tiene como primer y principal señal la mesa harta, el pan y el vino, la "Eucaristía" (agradecimiento) por causa del pan y del vino. La hambre del pueblo constituye la primera urgencia, la mas inmediata, que lleva a Jesús a tomar una actitud.

El sale del anonimato y se pronuncia delante de la sociedad. Inconforme con la hambre que ve por todos los lados, quiere, en un primer impulso, sanar lo que le debe haber parecido una situación insostenible. Jesús es el primero a preocuparse en dar de comer al pueblo, la comida sencilla de todos los días: pan y pescado.

Recordaciones de la mesa bien servida y del banquete se repiten a lo largo de las narraciones evangélicas como un acumulo de la felicidad. La felicidad suprema consiste en "nunca mas pasar hambre y sed". (Ap. 7,16) Morir de hambre es la peor desgracia. (Ap. 6,8).

La expresión "pan y pescado" se repite muchas veces.

Es que la atención del pobre está siempre vuelta para la mesa y para lo que se encuentra sobre ella: pan y pescado. Quien pasa hambre solamente ve el espejismo de la comida harta. Gandi dijo "para el hambriento Dios tiene la forma de pan." Este es el gran sueño de los pobre de todos los tiempos y cuadrantes de este mundo.

Fue un sueño en el pensamiento de los primeros oyentes de Jesús en Galilea. Este sabe por experiencia que el pueblo pasa hambre, pues frecuenta los ambientes de trabajo (Mt. 13,55). Por eso la orientación que dio a los apóstoles: la fraternidad no puede limitarse a palabras generosas, tiene que tener dimensiones concretas, incluso materiales y financieras (Mc. 10,21; Mt 19,16-30) lo que enraíza las narraciones evangélicas en la realidad vivida es la intima relación con el mundo de los hambrientos que surgen a cada momento. Jesús lida directamente con los hambrientos dirigiéndoles su palabra y su acción.

Escribe José Conblin: "El Evangelio es una palabra dirigida a los hambrientos" (Conblin, José "A fome e a Biblia" in Estudos Biblicos 46, Vozes, Petrópois, 1995, 30). El evangelio se relaciona con la hambre. Sobre todo es una propuesta en el sentido de solucionar la hambre de los campesinos sin tierra de la Galilea.

Eduardo Hoornaert


FORMACIÓN DEL CRISTIANISMO 10 LA EUCARISTÍA
(Continuación de la serie de artículos exclusivos sobre la formación del cristianismo)

La Eucaristía es la exuberante acción de gracias en el momento en que aparece el pan en la mesa. Tenemos un relato revelador: la multiplicación de los panes. Pero es necesario raspar el barniz de los siglos para ver surgir la historia en sus colores naturales. El texto ha sido tan manejado que ha llegado hasta nosotros con una serie de exageros, aumentos y comentarios, al punto de ser casi imposible reconocer lo que realmente pasó. (Dunquese, J Jesús. Geração Editorial. São Paulo, 1995.110).

Los comentaristas modernos explican normalmente el milagro diciendo que se trata de conseguir que las personas que habían seguido a Jesús en una región desierta pudiesen alimentarse antes de caer la noche. Ya no podemos saber con exactitud lo que pasó en aquella ocasión. Personalmente creo posible la explicación de Theissen de que Juana, mujer de Cuza mandó unos cestos con pan, frutas y pescado (Theissen, G. A sombra do Galileu. Vozes. Petrópolis. 1\989, 143) Es una de las muchas explicaciones. Pero no explica lo principal: el plan de Jesús delante de su pueblo hambriento, víctima de hambre endémico. Si los cuatro evangelistas hablan con insistencia de la multiplicación y muestran como fue grande el entusiasmo en aquel momento, y si cuentan como los ayudantes recogieron los restos del pan con tanto cuidado, "para que nada se pierda", es que algo más ocurrió que una única multiplicación de panes en un momento de necesidad pasajera. Jesús debe haber pensado un plan con el objeto de vencer el flagelo del hambre.

Él no era del tipo que se queda en las nubes soñando y pensando. La imagen de los doce cestos "con pedazos de cinco panes de cebada" es absolutamente irresistible. Las personas claman: "ese es verdaderamente el profeta que debe venir al mundo". Un hombre que sabe multiplicar el pan, según el pueblo. Jesús es profeta ya que nos multiplica el pan. ¿Que hizo Jesús? Enseño a sus seguidores a compartir el pan en la mesa con los otros. Todo indica que en las primeras comunidades hubo una postura radicalmente nueva en frente de la cuestión del hambre. una "comunión de bienes" una "comensalía" franca y abierta.

Puede parecer extraño explicar la Eucaristía de forma tan inusitada, como un grito de alegría y agradecimiento en el momento que el pan llega a la mesa. Pero estamos delante de textos muy antiguos, que comúnmente no abren fácilmente su sentido para la comprensión del lector moderno. No porque sean difíciles en si, sino porque el lector moderno está muy encapsulado en su proprio mundo para no poder captar el mensaje sencillo y casi evidente que emana del texto antiguo. Si intentamos una aproximación de los primeros textos a través de la llave "hambriento-saciado" no es por el gusto de la novedad, sino porque los textos dicen efectivamente: "felices los hambrientos", una expresión que solamente tiene sentido cuando se completa. "porque serán saciados".

Eduardo Hoornaert.

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